lunes, 5 de julio de 2021

Camino de Santiago con la WRConor

 Va viéndose la luz después de más de un año con el bichito ese haciendo de las suyas, pero gracias a las vacunas, la vida social empieza poco a poco a retornar y con ella, la posibilidad de viajar, de momento por el interior. Así que con unos días de vacaciones que había que gastar, me puse camino de Santiago de Compostela.

Condiciones, siete días de ruta en bici por carretera, a una media de 120 km día y con coche de apoyo, para no tener que llevar alforjas. Y por supuesto, con material de ConorBike, todo de la tierra. A través de fotografías, os cuento cómo fue mi pequeña aventura para celebrar el nuevo periodo de seminormalidad y meditar sobre lo que nos ha tocado vivir.

Primero, presentaros la máquina con la que disfrute los siete días de ruta, la Volcano de Conor.

 
Valcarlos - Irache: La salida, allá por el 27 de mayo, en Luzaide/Valcarlos, entrada a España del Camino Francés .
 
 

Quedan por delante siete etapas de más de cien kilómetros cada una. Como aperitivo, a subir Ibañeta por el lado norte, 15 kilómetros, que con mañana primaveral elegida, fue todo un paseo.

Primer obstáculo superado.

No se puede continuar sin un alto en la Colegiata de Roncesvalles. Un buen café y un poco de meditación en la capilla de su colegiata, lugar donde muchos peregrinos, desde la Edad Media, busca consuelo y esperanza.

Irache - Belorado: Pernoctando en cama propia, ventaja de "jugar en casa", tras una calurosa jornada de trabajo, vuelta a la bicicleta. Viana, última población del Camino a su paso por Navarra, momento idóneo para visitar su iglesia.

Es una tarde calurosa con amenaza de tormenta. En el momento del refrigerio, no era consciente de la que se me venía encima. El paso por Logroño era complicado, todo por vías rápidas poco adecuadas para ciclistas, además de ser complicado coger la carratera a Navarrete y tener que dar un rodeo mayor de lo esperado. Como colofón, tormenta, agua, viento ........ tarde difícil para pedalear solo por ese infierno de tráfico, agua y viento.

Belorado - Carrión de los Condes: Un breve descanso y con otro día primaveral, a subir los Montes de Oca. Para lo que quedaba, eso no era "na de na".

El paso por Burgos fue mucho más agradable que el de la capital de La Rioja. Una avenida que recorre el sur de la ciudad castellana, con su carril bici. Buen momento para el almuerzo. Y a la salida de la ciudad, un saludo a este singular peregrino.

Carrión de los Condes - León: Por las llanuras castellanas es donde más se hecha de menos la compañía de los colegas ciclogloberos. Rectas y rectas sin conversación y sin una rueda amiga. La suerte hizo que las mañanas fuesen calmadas, sin apenas viento, que hicieron más soportable la travesía. El sacrificio, bien se merecía una cerveza en la Plaza Mayor de León.

León - Ponferrada: Una de las etapas que más disfruté. Salida de León y visita a Astorga, espectacular ciudad en las estribaciones de los montes de León. Buen lugar para un refrigerio antes de iniciar la escalada.

 
La subida al puerto de Foncebadón es espectacularmente bonita, sobretodo una mañana tan soleada como me tocó. Empieza tendida y poco a poco va incrementando la pendiente, pero es llevadera si se sabe elegir el ritmo.

 
El descenso a Ponferrada es impresionante. ¡Más vale que tocaba bajarlo! Llamaba la atención algunos parajes, como este pueblo, el Acebo de San Miguel, donde parece que estás en otra época.

 
Ponferrada - Portomarín: Tras una tarde de descanso en Ponferrada, ciudad especialmente bonita, toca enfrentarse a la etapa reina, la famosa subida al alto de Cebreiro. Se puede ascender por la nacional, pero lo más bonito es hacerlo por la carretera interior, por la que suben los peregrino y donde las pendientes son impresionantes, casi paredes, y donde todo el desarrollo de la bicicleta es poco. El paisaje es especialmente bonito y te encuentras solo, en medio de la montaña, por unas carreteras, que aunque asfaltadas, más bien parecen caminos.

 
La etapa solo se merecía terminarla en un coqueto apartamento con jardín, en torno a una cerveza fría. Es momento de recuperar piernas y saborear la satisfacción de tener la meta al alcance de la mano.
 

Portomarín - Santiago: El 02 de junio tocó afrontar la última etapa, la más corta, pero no la menos dura, ya que son 110 kilómetros de un interminable sube y baja, sin un momento de respiro. Pero el regustillo de ver el final del reto cumplido, te permite no sufrir en las permanentes subidas. La llegada, en este año de pandemia, produce unas sensaciones extrañas. Soledad, poco ambiente. Me imagino esta plaza llena de peregrinos alegres tras un mes de peregrinación buscando luz, sus deseos ......., pero ahora solo hay losetas desnudas, en un día de cielo gris, que a los pocos minutos descargó toda su rabia.

 
Y esto fue todo, bueno, casi todo, que quedan cuatro días de turismo por Galicia, dándose algún capricho que otro; pero eso os lo contaré en la próxima entrada.
Ojalá sirvan estas fotos para animaros a enrolaros en pequeñas aventuras como esta, y si es en grupo mejor. Para mi, la experiencia ha merecido la pena y después de este largo año de pandemia viendo a muchas personas sufrir, siempre hay algo para la reflexión.


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